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Crónica: The Fiest - Madrid (08/06/2013)

08/06/2013, Madrid
8.0
8
Wurlitzer, Lleno
Precio: 9 día/18 abono
http://feiticeira.org/

Empezábamos el tercer y último día de The Fiest dando cera a las suelas de nuestras zapatillas. ¿La razón? Pues no era otra que una nueva demostración de hardcore pasado de vueltas y repleto de destellos metálicos por parte de nuestros queridos Trono de Sangre. Como ha sido habitual en todo el festival el público se ha portado entrando puntualmente a los conciertos, y de esta forma no se han dado esa desagradables escena de ver a la primera banda del cartel tocando para cuatro amigos. Con Trono la cosa ya empezaba a caldearse como es debido, y ellos no fallaron poniendo todo lo que tenían sobre el escenario. Sudor, gritos, y mucha rabia en unas canciones que no por muchas veces escuchadas nos dejan de gustar, y que sirvieron de primer plato para el menú del día. Las piezas de su “Deus Ex Machina” sonaron tan brutales como nos suelen tener habituados, y “Afilando Palabras” nos volvió a dejar las gargantas de Héctor, Skeif, y Fer bien adentro de nuestros lóbulos temporales del cerebro. Otro concierto notable más para la banda afincada en Madrid.

Seguidamente los malagueños Allfits se suponía que iban a darnos algo de tregua con su aguerrida pero preciosista mezcla de post-rock, indie rock y hardcore, y pese a que obviamente su sonido no fue tan abrasivo como el de Trono, sin duda su propuesta gana en voltaje en formato directo. Tenía ganas un servidor de presenciar la actuación de Allfits, y es que “Sea Horse” me pareció, sin duda, uno de los mejores debuts de 2011. Tener la oportunidad de poder verles el día que presentaban su nuevo trabajo, “Nada, Corre, Vuela”, no hizo sino aumentar mis expectativas respecto a la actuación del trío. Sonaron de forma inmejorable teniendo en cuenta que la sala Wurlitzer a veces puede ponerse en contra de los grupos basados en los matices melódicos y el ruido, y tanto los adelantos de ese nuevo Lp que conocemos vía Bandcamp, como el resto de nuevas composiciones, nos dejaron con ganas de disfrutar de este segundo lanzamiento de la banda que editan conjuntamente La Agonía de Vivir, We Are The Daughters, Saltamarges, y Aneurisma Records.

Y finalmente, la guinda a este pastel underground que hemos devorado y disfrutado durante tres días en la capital. Los italianos La Quiete afrontaban en Madrid su segunda cita en territorio español después de su paso el día antes por el festival H-Titud Fest, un evento, por cierto, también a destacar y aplaudir que se ha llevado a cabo en la localidad catalana de Vidreres. La verdad es que la actuación de estos iconos del screamo europeo era tan esperada que todo fue sencillo para los de Forli. Su hardcore salpicado de ramalazos emo violence arrasó el Wurlitzer desde el minuto uno con unas primeras filas muy calientes, y donde los pogos y la gente llevada en volandas no faltó en ningún momento. Y eso que el comienzo fue un tanto extraño. Unos parones que suponemos tuvieron que ver con la falta de tiempo previa para probar sonido, hicieron que en su primer tramo el concierto fuese un coitus interruptus con temazos que provocaban la locura pero que no conseguían el ritmo adecuado debido a los mencionados parones. Una vez se hicieron con el sonido, este mejoró, y con ello aumentó la visceralidad sobre las tablas y entre el público, habiendo tiempo además para algunos temas nuevos que sonaron más reposados (si es que se puede usar ese término hablando de La Quiete) y melódicos de lo habitual, pero no menos brillantes, y que desde luego dejan claro que los italianos están muy vivos en pleno 2013. Sus próximas citas en Don Benito, Gijón, o Donostia, no deberíais perdéroslas si tenéis la ocasión de asistir. Puños en alto constantes de muchos fans de la banda que nos lo pudieron ver en directo en su lejanas visitas pasadas, y una banda dándolo todo con su arsenal de himnos, terminaron por crear el ambiente esperado para el cierre de un The Fiest que se puede catalogar sin tapujos de éxito absoluto. Las sonrisas finales en los rostros de todo el público (muchos viejos amigos reencontrados para la ocasión) fue la mejor prueba de que todo salió como se esperaba, e incluso mejor aún.