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Crónica: Lüger - Sevilla (17/06/2011)

17/06/2011, Sevilla
8.6
9
CICUS, Medio lleno
Precio: gratis

Comenzaban los conciertos gratuitos de Verano de la Universidad de Sevilla con la actuación conjunta de Lüger y Los Cuantos. El recinto, una vez más, el patio de la nueva sede del CICUS; lugar que ha devenido en polivalente al proyectarse allí las películas de los habituales ciclos, montarse obras de teatro, o, en este caso, conciertos.

Es de agradecer a la organización que, en lugar de tirar por una programación de carácter más comercial o al menos 'fácil', opte a menudo por bandas que basan su propuesta en la experimentación y, por tanto, el riesgo. Algo esto último que es lo que parecen llevar por bandera Los Cuantos de Javier Colis y Kin Tipín.

Y es que aunque pareció en un principio que iba a ser un concierto más o menos tranquilo al disponerse sentados todos los hombres de la formación (sólo quedó en pie la teclista), al rato ya estaba Kin de pie moviéndose espasmódicamente por el escenario, bajando entre el público o ahorcándose con el cable del micro. Extravagancias al ritmo de una propuesta a medio camino entre la no wave, el noise y el spoken word que no extrañó que triunfara entre el público que no los conocía pero receptivo a este tipo de propuestas.

Ya que ambas bandas comparten el interés por explorar los ángulos más recónditos del rock de las últimas décadas, y en concreto Lüger pasan por ser cabezas del movimiento que rescata la vertiente del rock espacial y el kraut de los setenta para lanzarla al presente y al futuro. Los madrileños, que pocos días antes habían editado su segundo largo, Concrete Light, ofrecieron una hora de concierto tremendamente compacta, sin ningún tipo de bajón ni variación, que seguro podría haber mirado a los mejores momentos de unos Can (esas percusiones) o unos Hawkwind (esos teclados).

Así, los temas nuevos se fundieron con pasmosa naturalidad con los de su debut del año pasado creando un mantra perfecto del que fue difícil escapar si eres receptivo a que el sonido se acople a tu corazón y piernas. Por lo que, cuando todo terminó, resultó algo chocante bajar de la nave de vuelta a la mundanal y silenciosa realidad. Al menos nos fuimos con el buen recuerdo y un pitido en los oídos para casa.



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