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Crónica: Russian Circles - Bilbao (11/05/2012)

11/05/2012, Bilbao
8.0
Mike Sullivan, Dave Turncrantz, Brian Cook
8
Azkena, Casi lleno
Precio: 16.5/18 euros

http://feiticeira.org/

Hay noches en Bilbao de un tiempo a esta parte que uno es casi incapaz de recordar cuando esto era un erial cultural y desde luego, musical. Que se te junten en una noche planes tan atractivos como Ainara Legardon, MobyDick y Cápsula con The New Raemon junto a Nacho Vegas y con Russian Circles con Deafheaven, no sabe uno si es una maravilla o un dolor. Supongo que mientras los tres planes cuenten con público, que según parece así sucedió, será lo primero, aunque por egoísmo de no poder disfrutar todo nos parece más lo segundo.

Nos decidimos finalmente por Russian Circles. Ya teníamos vistos a los de Chicago y sabíamos de lo rotundo de su directo. Pero más nos animó el hecho de que les acompañaran Deafheaven, sensación de la música agresiva de la temporada. Amparados en Deathwish, sello de Jake Bannon (Converge), este cuarteto americano propone una mezcla de black metal, con screamo y texturas de post-rock y shoegaze que como digo, ha sido un pequeño hito en el mundo de este metal que trasciende el universo del metal.

Los de San Francisco son una banda joven y estábamos dispuestos a no ser muy duros, pero la verdad es que cumplieron muy bien. Tal vez esperaba mayor protagonismo escénico del frontman, más guiños a la herencia hardcore/screamo tal vez que a esas maneras black metal de cantar encarando al público con cara de psicópata. Como es una tónica con todo lo que tenga que ver con el género, esas voces se hicieron cuesta arriba en ocasiones, llegando a desear que hubiera más pasajes instrumentales y eso que había bastantes. De hecho, voz al margen, no andaba la cosa muy lejos de un grupo de post-rock o post-metal. Tal vez no tenga esto sentido si tomamos a unos Mogwai como ejemplo, pero desde luego que si lo tiene si lo hacemos con unos Envy.

Lo cierto es que el vocalista con esa pose amenazadora es la clave estética de la banda, ya que los músicos no van de nada, se centran en sus instrumentos, poniendo también a nivel ideológico esa cara más shoegazer. Desde luego fue una experiencia bastante interesante, con momentos catárquicos muy agradecidos y que me suscita curiosidad por ver como avanza, aunque quizá el hype sea un poco desmedido, por ahora.

Todo lo que tenga negativo que decir sobre el concierto de Russian Circles de después viene simplemente marcado por una cosa; haberles visto presentando su segundo disco hace unos años. En aquella visita, precisamente junto a These Arms Are Snakes (antigua banda de Brian Cook), la banda estaba en pleno florecimiento y, si sus discos eran un soplo fresco en el anquilosado panorama post-rock, sus maneras en directo nos impresionaron a todos. De aquel cenit no se podía sino bajar, sus nuevas composiciones tienen nivel, pero ya se nota un abuso de patrones -sobre todo de batería- y fórmulas que queda patente en directo.

Como digo, ello no es óbice para que ofrecieran un gran concierto y que verles sea un espectáculo. La pegada del batería, la maestría de su guitarrista que lo clava todo haciendo que parezca fácil y la pasión del bajista. Podríamos decir que juntos son un perfecto animal en el que pulmones, cerebro y corazón funcionan a pleno rendimiento. Respecto al setlist, muy razonable, con tres inclusiones del nuevo (la tormenta de "309", la gravedad turbulenta de "Batu" y finalmente las arrebatadoras melodías de la imprescindible "Mlàdek"). Y por supuesto no faltaron himnos, como "Harper Lewis" y su clásico absoluto "Youngblood", que desataron el frenesí entre el público, aunque hay que decir que las nuevas dan la talla sobradamente en directo.

Además, los efectos y sintetizadores que metía Cook, conseguían engarzar los temas y darle una sensación unitaria al concierto. Destacar en este punto una vez más, el garrulismo de un público que aprovecha para parlotear a plena voz en las partes bajas, rompiendo todo el clima de un concierto así. A buen seguro que algunos hubieran disfrutado más de un concierto que repitiera los estribillos de sus canciones en bucle para poder hacer headbanging durante una hora sin parar. Fauna conciertera, en fin, consecuencia también del notable y merecido llenazo supongo.

En definitiva, tras reactivarnos las pulsaciones, el trío abandonó el escenario por todo lo alto. Fue un poco decepcionante que no dieran opción a bis, aún cuando la gente lo pidió con ganas, pero por lo demás, lo del trío sigue siendo una experiencia de concierto muy recomendada.



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