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Reseña: Death By Stereo - Death For Life

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Death For Life
8
8.2



Epitaph [2005]
Productor: Factory
Banda: Archambault, Hennig, MacFarlane, Palmer, Rebbe, Shulz
El metalcore es un genero en alza que ha suplido en popularidad entre la juventud al degradado numetal. Las bandas del género se cuentan por decenas pero hay algunas que despuntan entre las que se encuentran Death By Stereo, que no en vano editan en epitaph, sello cada vez más caracterizado por el buen olfato ajeno a sectarismos. El quinteto californiano es capaz en su tercer trabajo Death For Life de añadir épica y melodía oscura a su agresivo sonido hardcore, sin necesidad de ponerse sombra de ojos.

Binge/Purge comienza al frenético ritmo de las baterías con alguna que otra guitarra más heavy y un estupendo solo que se cuela por ahí. Esta bien que las nuevas bandas hayan dejado de ver los solos como algo anticuado. No nos equivoquemos, la banda no deja de ser una casi perfecta maquina de hardcore bruto, dinámico y demente, así que tampoco hemos de dejarnos engañar por falsos comienzos como el de Don´t Piss On My Neck and Tell Me It´s Raining, cuyo simple título ya no tiene desperdicio.

Pero si hay momentos en que Death By Stereo abraza en mayor medida la melodía. Un buen ejemplo es I Give My Life. Y es que a banda acoge en este Death For Life la idea de que puede combinarse música agresiva y oscura con las ganas de pasarlo bien inherentes al rock n roll. Esto se demuestra en temas más acelerados y hooligans (This Course Of Days), himnos destroyer aptos para que las huestes disfruten en directo (Middle Finger), relatos de desesperación y paranoia cercanos al crossover (Nosotros Controlamos Todo)

Unos riffs bastante trasheros abren Forget Regret en una onda Killswitch Engage que llegan a un fresco y divertido estribillo que no podría describirse sino como una magistral combinación de heavy y pop por la que AFI pagarían, con el genial detalle de las palmadas. Y es que aunque las comparaciones son inevitables, suelen salir bien parados, como en Entombed We Collide o la más jarcoreta WWJD, donde se nota una clara afinidad en las guitarras lóbregas y poderosas con unos Avenged Sevenfold, que además son amigos y colaboradores.

Llega hasta tal punto esta faceta heavy y melódica, que nos encontramos en Forever and a Day la primera balada que firma la banda y que rompe con la tónica macarra para envolverse de oscuridad y entonar un canto a la amistad verdadera, una temática bastante emo, por otra parte. Y que decir de ese cierre sublime de This Is Not the End, con rituales coros y orquestaciones, que nos lleva al punto en que termina todo como una pesadilla que amenaza con volver para golpear tu cerebro cuando menos te lo esperes.








   


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