/Reseñas///

Icarus Crash – Mi Defecto Anónimo

Icarus Crash - Mi Defecto Anónimo portada
Autoeditado, 2010
Productor: Sergio Muela e Icarus Crash
Banda: Juanky, Antonio Crash, Carlillos, JuanK

Géneros: , , ,

8.2

Años son los que llevo tras la pista de Icarus Crash. Desde un principio me convencieron, cuando sonaban como unos Smashing Pumpkins con un sonido más grunge, seguramente más por falta de medios que por gusto, aunque más bien un poco de ambas cosas. Visto desde esa perspectiva es increíble el crecimiento experimentado por la banda desde que suenan los primeros compases de este, su segundo largo, «Mi Defecto Anónimo». Del rock alternativo al pop o al rock setentero, el cuarteto ha crecido y la cosa se ha vuelto más seria de lo que indica la portada.

Y es que «Filamentos» no podría abrir el disco en mejor forma. De lo mejor escrito por la banda, es decididamente rabiosa y a la vez llena de texturas, con una base rítmica frenética pero espaciada, guitarras que echan chispas, todo un carrusel de rock alternativo. Pone el listón muy alto y a continuación, los aires funk-rock de «Kosowiack» no están a la altura, con la voz excesivamente forzada. Bien es cierto que mejora enteros con los efectos de guitarra y los coros finales, que le dan otra dimensión.

«No Hay Alma» entre los Smashing Pumpkins y el blues-rock queda un tanto sosa, aunque evoluciona hacia un ambiente más zeppeliniano de hard-rock clásico. Y es que, unas canciones sobresalen sobre otras, pero el trabajo compositivo a nivel instrumental ha mejorado mucho, con buenos remates y canciones que terminan siendo más de lo que parecen. En «Mr. Lejía» evocan a un cruce entre Jet y Queens of the Stone Age y terminan entrando realmente por el túnel de la psicodelia con teclados retro y potentes riffs.

Más noventera es la psicodelia de «Leipzig», saturada a la enésima potencia. Es esta una década que dudamos que alguna vez vaya a desaparecer de la música de los malagueños y esta vez podría ser «Nadie» la que más les emparenta con todo aquello; voces rasgadas y guitarras sonoras pero con la melodía como bandera. También «Infinito Numerable», rock con preponderancia de bajo y rabia vocal. «Entre Cornisas» por su parte es el inevitable estigma calabacero, a lo que como siempre ayuda que el guitarrista Antonio tome el papel de voz principal. No es algo de lo que quejarse cuando resulta ser una canción de pop guitarrero que ya nos gustaría escuchar por ahí en vez de las pobres melodías a que nos tienen acostumbrados los medios masivos.

Aunque por interesante hemos de remarcar, como casi siempre en estos casos, las «rarezas» del disco. Por ejemplo «Trance» que descoloca entrando como un tema bailable y sin embargo tiene un tono grave y grungero. Le sigue la también destacable «Yaviyahu», sombrío tema con acústica y sintetizador que editó en solitario el guitarrista de la banda y que ahora el grupo ha recuperado, por fortuna. Y hablando de teclados, mágico es el tono de la apenas susurrada «Polifemo y Galatea» que nos recuerda a una revisión en clave feliz del órgano de «Intervention» de Arcade Fire. Lo etéreo volverá a cerra el disco en la escueta «Aquel Maravilloso Monza».

Esta vez han buscado el rock de forma desesperada, las guitarras están pulidas y crispadas y la voz suena cada vez más auténtica y rabiosa. El sonido también ha mejorado notablemente. En definitiva, superan anteriores esfuerzos con un sonido más rockero a la par que alejan tics demasiado próximos a sus queridos Smashing Pumpkins en pos de influencias más difusas, ahondan en las texturas y hacen algo más complejas sus estructuras. Todos tenemos defectos, pero Icarus Crash van limando los suyos.

 

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1 de enero de 2010