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Reseña: Isis - Panopticon

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Panopticon
8
8.7



Ipecac [2004]
Productor: Matt Bayles
Banda: A. Turner, M. Gallagher, J. Caxide, A.Harris, C. Meyer
Quien conozca Isis ya se imagina que hacer una review suya no es tarea fácil. Discos de pocos temas muy dilatados en el tiempo, creadores de atmósferas en sí mismas, instrumentistas pacientes y brillantes, hostiles y sutiles, en fin, poco que ver con los conceptos habituales de rock o metal. En sus primeros EPs ya despuntaron y el paso a discos largos como Celestial u Oceanic no decepcionó, más bien al contrario pasaron de alumnos aventajados de Neurosis a cabeza de un nuevo movimiento de metal extremo con inquietudes.

Esta vez Isis refinan su propuesta. Han preferido dejar de desgarrar unos cuantos oídos para embaucarlos. Panopticon sigue siendo una obra monolítica y global, pero la desesperación y agresividad visceral de antaño ha dado paso a momentos instrumentales mucho más amables y voces más limpias. Todo ello bajo el concepto de "panopticon", que designa a una teórica prisión en la cual cada movimiento del prisionero puede ser visto. Un término inspirado en Michel Foucault (y a su vez en la obra del utilitarista Jeremy Bentham). La banda, consciente de la dificultad de que el oyente capte este eje temático, cita al filósofo francés en el libreto. Este concepto de ser controlado sin saber por quién, viene adornado con fotografías de satélites espía.

Volviendo al sonido, So Did We muestra un poco la pauta, canciones más largas si cabe donde la furia heredera del doom va perdiendo peso para que su vertiente más progresiva se apodere del sonido. Obviamente no se convierten en nada parecido a Dream Theater, su rollo no es el virtuosismo (cualidad que indudablemente poseen), sino la creación de atmósferas y texturas, que transmiten sensaciones en si mismas... angustia, depresión, catarsis, etc. Concretamente este primer track incluso puede dejar ver maneras grungistas en el uso de la voz, por otra parte muy escaso.

Backlit se acerca más aún a Pink Floyd con un comienzo mucho más calmado y etéreo y unos riffs muy sugerentes. Y es que la apuesta por la melodía es otro de los puntos claves de este nuevo paso del quinteto. La voz de Aaron Turner abandona un tanto los tonos guturales o los combina con cantos que rebosan belleza, a su manera. Los largos pasajes instrumentales ahora no son estridentes, sino que mantienen la inquietud sin necesidad de agobiar, lo que se ve acentuado por la limpieza que imprime Matt Bayles (Mastodon, Pearl Jam).

Tímido primer tercio para In Fiction, donde el post-rock se desarrolla de forma minimalista con guitarras tintineantes y baterías lentas. La combinación de esta espacialidad instrumental con riffs más convencionales y prolongados da una auténtica sensación de gravedad cero. Las atmósferas de calma galáctica prosiguen en los primeros minutos de Wills Dissolve a la vez que destila un oscuro sentimiento tenebroso que la hace por momentos digna de ambientar un film de Burton, al tiempo que cuando se ponen más heavies son capaces de conseguir pasajes instrumentales tan mágicos como los lejanos Metallica. Por otra parte volvemos a tener voces guturales muy diseminadas entre la muralla de sonidos.

Una sensación que tengo con las voces en este disco es que en ocasiones me parece oir a Mark Lanegan acercándose con toda la épica de que es capaz su maltratada voz, al metal extremo. Es una mera anécdota mía, pero da una idea de lo interesante que es también ese apartado vocal cada vez más relegado. Así ocurre en Syndic Calls, por otra parte bañada en infinidad de guitarras envolventes y baterías al acecho, que por medio de la repetición va creando un sutil efecto hipnótico en el oyente. A estos viajes cerebrales contribuye el mayor uso de la electrónica excepcionalmente solapada en el conjunto que dispone Cliff Meyer y contribuye aún más a la grandeza compositiva y al concepto unitario del disco.
En Altered Course discurren las texturas de guitarra y bajo a golpe de batería. Las melodías serpentean, se escapan entre las manos, planean y consiguen hacer aflorar una belleza a la composición que jamás habríamos esperado de la banda extrema que comenzó siendo Isis. Por mi parte bienvenida sea esta nueva cara amable de la banda siempre que tenga cosas tan interesantes que suscitar aunque puedo comprender el resquemor de alguno de sus fieles desde los inicios. Aunque este es un rumbo que la banda ha tomado ella sola, en este track puede ser determinante la presencia a las cuatro cuerdas de Justin Chancellor de Tool.

Grinning Mouths como anticipa su título retorna a una instrumentación más flamígera, pesada y estridente... acercando el doom progresivo al rock alternativo. Aquí las voces, siempre sepultadas bajo el corrosivo manto instrumental alcanzan una mayor guturalidad que en el resto del disco. Estamos ante el post-metal lo-fi? No estaría seguro de tal afirmación, pero lo que sí se es que Panopticon tiene espíritu, garra y épica y cuando el último tema finaliza súbitamente queda en el oyente un lápsus, un periodo de reflexión y de asimilación del regreso a la cotidianidad. Y eso deja poso.

Denso, espiritual, primario, natural, sofisticado, dinámico, épico, mesmérico, surreal... todo eso y mucho más es Panopticon. Un disco que confiere a la banda un sonido definitivamente personal y cada vez más distante de sus influencias, a medida que su galaxia no deja de expandirse. Al paso que van su nombre puede pasar a la historia en letras tan grandes como Tool, Mogwai o los mismos Neurosis. Panopticon es un fenómeno natural desatado en constante movimiento, lento pero seguro, donde lo crudo y lo sublime demuestran no estar reñidos entre sí. Un trance del que es molesto despertar.















   


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