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Reseña: Queens of the Stone Age - ... Like Clockwork

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... Like Clockwork
8
8.4



Matador [2013]
Productor: Josh Homme
Banda: Josh Homme, Troy Van Leeuwen, Dean Fertita, Michael Shuman

Por todos es sabido que hablar de Queens of the Stone Age siempre ha sido, y hoy lo es más que nunca, hablar de Josh Homme. En este sexto disco de la banda californiana dicha afirmación se constata más aún si cabe, y lo hace además imponiéndose por encima de todo el elenco de invitados que, ingenuos de nosotros, pensábamos que podían tener mayor importancia en el resultado final del disco. Y no es que no se agradezca el buen trabajo compartido entre Joey Castillo y Dave Grohl tras la batería, ni que según en qué momento podamos sentir la presencia en los coros de Mark Lanegan ("If I Had a Tail"), pero lo cierto es que ni personalidades tan apabullantes como Elton John o Trent Reznor, ni otros de menos calado como Alex Turner (Arctic Monkeys), Jake Shears (Scissor Sisters), o el ex Queens, Nick Oliveri, restan ni un solo segundo de protagonismo en "...Like Clockwork" al pelirrojo lider de Palms Springs.

Es por ello este Lp un disco en el que la presencia de Josh es absoluta, cobrando un peso mayor su personal forma de cantar, aquí más cercana al falsete que nunca, y donde el guitarrista se ha dejado llevar por el momento personal tan extraño que han vivido en los últimos años tanto él como la banda. Lejos queda "Era Vulgaris", o "Lullabies To Paralyze", discos de los que se podían rescatar un buen número de temas destacables, pero en los que el concepto unitario de disco quedaba emborronado por el sentimiento de no-banda con el que Homme ha ido impregnado al grupo con su toma de decisiones. Finalmente, y en medio de la grabación de este nuevo álbum, la marcha de uno de los miembros más longevos, Joey Castillo, evidenciaba que la única forma de que QOTSA siguiesen adelante era logrando Josh el poder necesario para hacer y deshacer con y como desease en cada momento.

Así tenemos un disco que mira atrás y en donde Homme se rodea de viejos amigos (Grohl, Oliveri, Lanegan, Reznor...) para desde ahí parir su obra más profunda, la que más mira para dentro, y en la que basándose en todos estos años alejado del desierto, Homme hace su disco más turbio, más cosmopolita, menos directo, y por lo tanto más introspectivo. Bajando a lo más profundo del ser humano, y adentrándose de lleno en la noche, QOTSA han parido un álbum tenebroso, en el que apenas hay sitio para los estribillos, y en el que hay que adentrarse de lleno, como si estuvieses en ese truculento cortometraje de animación utilizado para la promoción, si quieres llegar a comprenderlo del todo. Precisamente la soledad que rodea dicha historia sirve como eje a partir del cual parece Homme haber construido este ejercicio de vulnerabilidad propia. Y es que parece que hubiese tenido que tirar de toda esa gente que en otros tiempos le rodeó, para ser capaz de sacar un álbum que, en aparente contradicción, le va a terminar perteneciendo a él mismo más que ningún otro.

Ya desde el arranque de "Keep Your Eyes Peeled" sentimos que esto no es "Regular John", "Feel Good Hit of the Summer", ni "No One Knows". Aquí el desierto y la velocidad se desvanecen, y un pesadísimo bajo nos adentra en la ciudad para comenzar así el trayecto por el disco menos stoner de la banda. "I Sat by the Ocean" enlaza a la perfección con el tema inicial, y nos regala una de las piezas más radiables y adictivas del disco. Elegante y vacilona, es puro Queens. Con el falsete ya desbocado desde la segunda canción pasamos a "The Vampyre of Time and Memory", donde una balada espectral mecida por el piano va creciendo de la forma más clásica que les conocemos. "If I Had a Tail", es una de las piezas con más colaboraciones, y lo cierto es que sin sacar la cabeza demasiado, los coros fantasmagóricos de Alex Turner, Nick Oliveri y Mark Lanegan, le dan un aire especial a la que es una de las mejores piezas del Lp, y seguramente de las que mejor funcionarán en directo. Le sigue "My God Is the Sun" cerrando los ocho minutos más accesibles de "...Like Clockwork", y lo hace de forma remarcable gracias a la huella que Grohl deja con su reconocible trabajo en la batería. Directa y radiable, será el último momento de cara a la galeria del disco, y seguramente estemos ante la canción más cercana dentro lo que entendemos por un single de las reinas.

A partir de aquí comienza una segunda mitad en la que la figura de Bowie y el Glam rock en sus formas más contundentes tendrán un peso evidente. Espectacular en esa ruptura tan teatral y grandilocuente, “Kalopsia” es una de las piezas más extrañas si tenemos en cuenta lo que asociamos con el sonido de la banda, pero sin duda cumple a la perfección dentro del descenso a los infiernos que continúa por sendas ligeramente travestidas en "Fairweather Friends". Aquí es donde aparece la sonada colaboración al piano y las voces de Elton John, acompañado además de Trent Reznor, Nick Oliveri, Mark Lanegan, Alain Johannes, e incluso su esposa Brody Dalle. "Smooth Sailing" seguirá explotando ese falsete tan recurrido a lo largo de toda la obra, e incluso lo lleva a un punto superior. El juego entre este y su tono habitual demuestra una vez más la versatilidad vocal de un Homme que a estas alturas ya te ha debido convencer de que este es un disco diferente de QOTSA. Si no lo ha logrado será porque no estás en el mismo punto que él, y quizás sea el momento de que apagues el reproductor. Eso sí, si lo haces te perderás un magnífico final de disco. 

Es "I Appear Missing" una canción envolvente, de las que te van arrastrando, si te dejas, hasta caer en su enfermiza atmósfera. Llamada, como ya hemos visto en algún directo de la banda, a ser alargada hasta el extremo, nos acerca a ese destino final que no es otro que el tema que da nombre a este "...Like Clockwork". El piano se torna entonces protagonista indiscutible para dar por finalizada esta genuina obra, en la que Homme se despide como único y auténtico protagonista dentro de la historia de penumbra y desasosiego que se nos plantea. Un viaje por los bajos fondos de la ciudad que tan alejados están de aquellas psicotrópicas veladas transcurridas hace años en el desierto.